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Influencia de Suárez en el pensamiento universal

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SIGLO XVII

Hugo Grotius (1583–1645)

Hugo Grotius, jurista y teólogo holandés, es considerado el padre del derecho internacional moderno. En su obra De iure belli ac pacis (1625), Grotius reconoce directamente la influencia de Francisco Suárez, particularmente en la distinción entre ley natural (lex naturalis) y derecho de gentes (ius gentium), ya formulada en De legibus ac Deo legislatore (1612). Suárez argumentaba que la ley natural es accesible a la razón humana y anterior a cualquier institución política, mientras que el derecho de gentes surge de acuerdos entre pueblos. Grotius adopta esta estructura conceptual y la adapta a una teoría del derecho con autonomía racional, abriendo así la vía para el derecho positivo internacional secularizado. La edición crítica de las obras de Suárez, incluida en el Corpus Hispanorum de Pace, confirma esta relación. La influencia fue reconocida por estudiosos como James Brown Scott, quien promovió la tesis de que la verdadera fundación del derecho internacional debe más a Suárez y la Escuela de Salamanca que al propio Grotius.
 

Thomas Hobbes (1588–1679)

La relación entre Suárez y Hobbes es compleja. Hobbes rechaza la fundamentación teológica del derecho natural propuesta por Suárez, pero no sin antes dialogar con ella críticamente. En Leviatán (1651), Hobbes sostiene que el orden político debe sustentarse en un contrato social que emerge de la necesidad de paz frente al estado de naturaleza. Suárez, por su parte, había formulado que la autoridad política nace del consentimiento popular, no de una imposición divina directa. Aunque ambos disienten en la finalidad del poder (para Suárez es moral, para Hobbes es autoritaria), comparten la idea de que el fundamento de la soberanía no reside automáticamente en el monarca. Además, Hobbes adopta una noción secularizada del derecho natural, pero organizada sistemáticamente como ya hiciera Suárez. Estudios recientes como los de Benjamin Hill resaltan cómo Suárez anticipa tensiones entre ley divina, naturaleza humana y soberanía política que Hobbes explora de forma más radical.

René Descartes (1596–1650)

Descartes no cita a Suárez, pero su formación en el Colegio jesuita de La Flèche lo expuso profundamente al pensamiento suareciano, en particular a las Disputationes Metaphysicae (1597), manual esencial en las escuelas jesuíticas. En estas, Suárez sistematizó la metafísica aristotélico-tomista con categorías nuevas, entre ellas, la distinción entre el ser real y el ser de razón, que Descartes traduce a su propio dualismo entre pensamiento y extensión. También la claridad metodológica cartesiana y su afán de fundamentar el conocimiento en principios evidentes reflejan la impronta del método disputacional de Suárez. Investigadores como Jean-Paul Coujou han demostrado cómo la metafísica moderna encuentra en Suárez un “puente” entre escolástica y racionalismo. El hecho de que Descartes buscara principios evidentes que no dependiesen del mundo exterior resuena con el intento suareciano de fundar el ser en el intelecto divino. Así, aunque distantes en fines, ambos comparten estructuras ontológicas similares.
 

John Locke (1632–1704)

John Locke, uno de los grandes pensadores del liberalismo, reinterpreta en clave empirista muchos conceptos suarecianos. En el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, Locke afirma que los derechos naturales (vida, libertad, propiedad) preceden al estado. Suárez ya había afirmado en De legibus que el derecho a la propiedad es derivado del derecho natural y que la autoridad política sólo es legítima si respeta este orden moral. Ambos comparten la idea de que la soberanía reside en la comunidad, y que el poder es delegación legítima. Locke seculariza esta visión, pero conserva la lógica moral de raíz escolástica. En su teoría del conocimiento, la relación entre ideas simples y complejas guarda ecos de la distinción suareciana entre entia realia y entia rationis. Aunque Locke se presenta como heredero de la razón moderna, la estructura normativa de su filosofía política no se comprende del todo sin el trasfondo escolástico que hereda de Suárez.​​​

Influencia de Suárez en el pensamiento universal

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SIGLO XVIII

Gottfried Leibniz (1646–1716)

Leibniz reconoció la deuda conceptual que su pensamiento metafísico tenía con Francisco Suárez. En particular, las Disputationes Metaphysicae le ofrecieron una sistematización filosófica en la que se articulaba la noción de ser como acto, la individuación como resultado de la forma y la existencia, y la causalidad final como elemento operativo del cosmos. Estas ideas se ven reelaboradas en su teoría de las mónadas: sustancias individuales dotadas de percepción y apetición, que actúan según fines internos. La noción de entelequia leibniziana, así como su idea de armonía preestablecida, tienen raíces conceptuales en la ontología de Suárez, quien defendió la acción simultánea de causas secundarias subordinadas a una primera. El pensamiento de Suárez también influyó en la concepción leibniziana de la posibilidad como atributo del entendimiento divino, cuestión debatida en las escuelas escolásticas. Estudios contemporáneos de Daniel Novotný y Christopher Shields han puesto de relieve este vínculo en su revisión del impacto suareciano en la filosofía moderna.
 

Giambattista Vico (1668–1744)

La filosofía de la historia de Vico debe mucho a la noción suareciana de derecho natural como racionalidad encarnada en las costumbres y estructuras sociales. Vico, en su Scienza Nuova, parte de la idea de que el conocimiento verdadero es el que el hombre puede hacer (verum factum), lo que recuerda la noción suareciana del conocimiento como participación intelectual en la creación divina. Además, Vico asume una visión del derecho como evolución racional de la naturaleza humana, no como simple imposición. Esta perspectiva bebe de la teoría del derecho de gentes de Suárez, que articulaba el paso de normas racionales universales a instituciones concretas. Aunque Vico se separa de la escolástica en su forma, comparte su fondo conceptual. La racionalidad histórica vichiana está imbuida de la misma preocupación por el orden, la justicia y la contingencia que Suárez exploró desde una filosofía política con vocación universal.

Immanuel Kant (1724–1804)

La relación entre Francisco Suárez e Immanuel Kant, aunque no directa en citas, revela una conexión profunda en la arquitectura conceptual que subyace a la filosofía crítica. El núcleo de la Crítica de la razón pura —la distinción entre lo fenoménico y lo nouménico, entre ser y deber ser— no puede desligarse de las categorías ontológicas que Suárez había articulado un siglo antes. En sus Disputationes Metaphysicae, Suárez sistematizó por vez primera una metafísica racional separada de la teología revelada, anticipando así la autonomía formal de la razón que Kant reclamará como método. El concepto suareciano de entia rationis, seres de razón que estructuran el conocimiento sin tener existencia real, se proyecta en la noción kantiana de las condiciones a priori de la experiencia. Asimismo, la idea de ley moral autónoma encuentra eco en la afirmación suareciana de que la razón humana puede conocer la ley natural sin necesidad de mediación divina. Si Kant reformula las condiciones trascendentales del conocimiento y la moralidad desde una posición ilustrada, lo hace sobre un andamiaje ontológico que, en parte, hereda de la escolástica tardía, siendo Suárez su máximo exponente. La crítica kantiana es impensable sin la previa depuración sistemática que la metafísica suareciana ofreció, convirtiéndose así en su antecedente más inmediato y silencioso.

Johann Gottfried Herder (1744–1803)

Johann Gottfried Herder, figura clave del romanticismo alemán y de la hermenéutica moderna, articuló una filosofía de la historia y de la cultura profundamente afín a la tradición suareciana, pese a la distancia formal que los separa. Herder defendió una idea del derecho natural como racionalidad encarnada en los pueblos, las lenguas y las costumbres —visión que ya había sido esbozada por Suárez al afirmar que el ius gentium brota de la razón humana aplicada a contextos históricos diversos. Frente a la abstracción universalista del racionalismo moderno, Herder postula una razón situada y plural, en consonancia con la tesis suareciana de que los entia rationis (los productos racionales) dependen del modo de conocimiento humano y de su historicidad. La hermenéutica histórica herderiana —en la que el pasado se interpreta desde su propio horizonte de sentido— se nutre así de una antropología filosófica que Suárez había anticipado en su teoría del conocimiento y de la ley. Aunque Herder se mueve en un marco postilustrado y más antropocéntrico, su impulso filosófico sigue el camino abierto por la Escuela de Salamanca: el intento de entender al hombre no como sustancia aislada, sino como ser histórico, normativo y situado. Suárez aparece aquí como predecesor remoto de un pensamiento humanista, que Herder reactualiza con fuerza en el contexto del idealismo alemán.

Influencia de Suárez en el pensamiento universal

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SIGLO XIX​

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Andrés Bello (1781–1865)

Andrés Bello, figura clave del humanismo hispanoamericano, fue un profundo conocedor del pensamiento escolástico y, en particular, de Francisco Suárez. En sus escritos jurídicos y filosóficos pueden rastrearse con claridad los ecos de la concepción suareciana del derecho natural como base racional de la legislación positiva. Bello defiende una noción de comunidad jurídica fundada en la naturaleza racional del hombre y en la necesidad de justicia, ideas que Suárez ya había articulado con gran precisión en De legibus. La influencia de Suárez también se refleja en su concepción del sujeto jurídico como agente moral, y en su visión de la soberanía como delegada por el pueblo, no impuesta por derecho divino directo. Bello adapta este legado al contexto republicano latinoamericano.

Arthur Schopenhauer (1788–1860)

Schopenhauer mostró un inusitado respeto por Francisco Suárez, al que calificó como uno de los más grandes pensadores escolásticos. Aunque su propia filosofía del pesimismo se aleja radicalmente de la metafísica tomista y suareciana, reconocía en Suárez una profundidad sistemática rara vez igualada. En El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer retoma implícitamente algunas distinciones suarecianas, como la separación entre esencia y existencia, o entre ser real y mental. Admiraba especialmente la claridad lógica con la que Suárez abordaba problemas ontológicos, y llegó a afirmar que sus Disputationes Metaphysicae constituían un "arsenal conceptual" del cual todos los sistemas posteriores se habían nutrido directa o indirectamente. Su visión crítica del racionalismo alemán no le impidió reconocer la potencia estructural de la tradición escolástica, de la cual Suárez era su máximo exponente postmedieval.

Influencia de Suárez en el pensamiento universal

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SIGLO XX-XXI

Wilhelm Dilthey (1833–1911)

Dilthey, como filósofo de la historia y la cultura, influyó decisivamente en Ortega y Gasset, y su pensamiento puede vincularse indirectamente a la herencia suareciana. La idea de razón histórica que Dilthey desarrolla tiene un claro precedente en la epistemología de Suárez, quien había sostenido que el conocimiento humano está condicionado por estructuras temporales y lingüísticas —entia rationis— que median la comprensión del ser. Además, el historicismo diltheyano recoge el rechazo suareciano a las abstracciones racionalistas, promoviendo una razón encarnada en la experiencia y la tradición. Aunque sus referencias directas a Suárez son escasas, estudios sobre la genealogía del pensamiento hermenéutico han subrayado esta filiación escolástica, que atraviesa desde Suárez hasta Heidegger pasando por Dilthey.

James Brown Scott (1866–1943)

Jurista estadounidense, James Brown Scott fue un firme defensor del reconocimiento de la Escuela de Salamanca, y particularmente de Suárez, como padres del derecho internacional moderno. Su obra The Spanish Origin of International Law (1934) sostiene que Francisco de Vitoria y Francisco Suárez precedieron a Grotius en la formulación de principios fundamentales del derecho de gentes. Scott promovió la edición del Corpus Hispanorum de Pace, en el que se incluyó la obra jurídica de Suárez, especialmente De legibus y De bello. Según Scott, Suárez ofrecía una concepción más coherente del derecho natural basada en la dignidad humana y la racionalidad, frente al contractualismo posterior. Su rescate de Suárez tuvo un profundo impacto en el redescubrimiento del pensamiento hispánico en el derecho internacional público y abrió el camino para estudios contemporáneos sobre justicia global y derechos humanos.

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José Ortega y Gasset (1883–1955)

Ortega y Gasset no cita directamente a Suárez, pero su filosofía de la razón vital y de la perspectiva recoge varias herencias del pensamiento suareciano. En su idea de que la realidad es "yo y mis circunstancias" resuena la antropología moral de Suárez, donde el sujeto humano es entendido como centro de imputación racional en un mundo contingente. Asimismo, la defensa orteguiana de una razón histórica y cultural refleja el abandono de un universalismo abstracto, como el que Suárez ya cuestionaba al analizar la relación entre derecho natural y derecho de gentes. Ortega, influenciado por Dilthey y por la tradición escolástica española, integra estos elementos en una filosofía moderna profundamente enraizada en la historia del pensamiento ibérico.

Étienne Gilson (1884–1978)

Historiador de la filosofía medieval, Étienne Gilson recuperó la figura de Francisco Suárez dentro de la narrativa filosófica católica. Aunque fue crítico con el “intelectualismo” del suarismo en comparación con Tomás de Aquino, reconoció el valor de Suárez como puente entre la escolástica medieval y la filosofía moderna. En obras como El espíritu de la filosofía medieval, Gilson subraya que Suárez fue el primero en ofrecer una metafísica sistemática con pretensión de independencia frente a la teología, una iniciativa que lo convierte en precursor del racionalismo moderno. Gilson defendió que Suárez no debe entenderse solo como un escolástico tardío, sino como una figura que anticipa la sistematización de la metafísica moderna en autores como Descartes y Leibniz. Su trabajo fue fundamental para legitimar el estudio de Suárez en el siglo XX.

Martin Heidegger (1889–1976)

En Ser y Tiempo, Heidegger se refiere a Francisco Suárez como una figura que representa la transición clave entre la metafísica medieval y la ontología moderna. Aunque la mención es breve, su significado es profundo: Suárez simboliza, para Heidegger, el momento en que la pregunta por el ser se transforma en una doctrina técnica de las categorías. Heidegger considera que Suárez sistematizó la ontología de tal manera que la “olvidanza del ser” —tema central de su crítica— se volvió inevitable. Al distinguir entre el ser como acto y la esencia como estructura racional, Suárez anticipó las operaciones conceptuales que luego serían criticadas por la fenomenología existencial. Investigadores como Jean-Luc Marion han profundizado en esta relación, mostrando que la crítica heideggeriana a la metafísica encuentra en Suárez uno de sus blancos más complejos.​

Xavier Zubiri (1898–1983)

Zubiri es uno de los pensadores que más profundamente relee a Suárez desde la filosofía contemporánea. En su Inteligencia sentiente, elabora una nueva teoría del conocimiento que parte de la distinción entre esencia y acto, ya trabajada por Suárez. Para Zubiri, el acto de conocer es una aprehensión de realidad, no solo una captación de conceptos. Esta noción actualiza la idea suareciana del ser como acto radical y del ente como actualización limitada del ser. Además, Zubiri retoma la crítica de Suárez a las abstracciones excesivas y promueve una metafísica concreta, centrada en la experiencia real del mundo. Su reflexión sobre la religación como fundamento de lo religioso también entronca con la noción suareciana de participación del ser. Estudios de Pedro Laín Entralgo y de Pedro Aullón de Haro confirman esta filiación intelectual.

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Eleuterio Elorduy (1901–1974)

Jesuita y traductor de obras suarecianas, Elorduy fue uno de los mayores difusores del pensamiento de Suárez en el ámbito hispanoamericano. Su edición y comentario de las Disputationes Metaphysicae y de De legibus permitió que nuevas generaciones de filósofos y juristas accedieran a la obra suareciana. Elorduy subrayó el valor sistemático del pensamiento de Suárez y lo desvinculó de lecturas meramente teológicas. En su trabajo, Suárez es presentado como un pensador con plena vigencia para los problemas modernos de ontología, ética y política.

José Ferrater Mora (1912–1991)

Ferrater Mora fue clave en revalorizar a Suárez en el contexto filosófico contemporáneo. En su Diccionario de filosofía, lo define como un filósofo de transición entre dos épocas, que elaboró un sistema metafísico riguroso capaz de dialogar con la filosofía moderna. Ferrater destaca su tratamiento de los entes de razón, su noción de causa eficiente y su análisis del ser como acto. Para él, Suárez no debe ser relegado al campo de la teología, sino incluido en las grandes discusiones filosóficas sobre ser, conocimiento y derecho.

José Hellín (1912–1985)

Hellín desarrolló una filosofía del derecho natural que se nutre directamente de la tradición suareciana. En su análisis del sujeto jurídico, afirma que la persona es fundamento de imputación moral y legal, retomando así el esquema suareciano de racionalidad práctica. Suárez había defendido que el derecho natural es expresión de la racionalidad humana y no de un mandato extrínseco, idea que Hellín retoma para defender el valor normativo de la dignidad humana frente al positivismo jurídico. Su trabajo conecta la filosofía clásica con los desafíos éticos del siglo XX.

Julián Marías (1914–2005)

Discípulo directo de Ortega, Marías heredó la preocupación suareciana por la persona como sujeto moral y racional. En su Antropología metafísica, Marías desarrolla una noción de persona centrada en la proyección biográfica y la racionalidad ética, continuando la tradición suareciana que sitúa al ser humano en el cruce entre naturaleza y libertad. Marías contribuyó también al reconocimiento de la filosofía española, incluyendo a Suárez, como parte del canon filosófico occidental. En su Historia de la Filosofía, destaca a Suárez como el mayor filósofo sistemático de la escolástica hispánica y un precursor de la modernidad filosófica.

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Luciano Pereña (1920–2007)

Pereña fue el gran impulsor del Corpus Hispanorum de Pace y de la relectura jurídica de la obra suareciana. Consideraba que Suárez ofrecía una teoría de la paz y la guerra más elaborada que la de Grotius, al partir de principios de justicia natural. En sus escritos, Pereña defiende que Suárez formuló una doctrina del derecho internacional basada en la dignidad de los pueblos, la soberanía limitada y la ilicitud de la guerra injusta. Su trabajo dio nueva vida a la tradición jurídica hispánica.

Jesús Iturrioz (1928–2002)

Filósofo vasco, Iturrioz desarrolló una ontología del ser como actualidad relacional, que se conecta con la noción suareciana del ser como acto participado. Su análisis del ente como realidad abierta y relacional recuerda la distinción suareciana entre entia realia y entia rationis. En su crítica al esencialismo metafísico, Iturrioz retoma el impulso suarista de pensar el ser desde la experiencia concreta y la interacción ontológica. Su obra sigue siendo un referente en la metafísica española contemporánea.​

Salvador Castellote Cubells (1932–2023)

Salvador Castellote dedicó más de 50 años al estudio de la antropología y psicología suarecianas, así como a la indispensable recuperación de manuscritos inéditos de Suárez y a su cotejo con las obras publicadas, como labor ecdótica y crítica necesaria para el conocimiento no deturpado del pensamiento del autor granadino y para determinar su propia evolución. Son indispensables, en este sentido, la edición crítica bilingüe de los comentarios De Anima, la edición digital de las Disputaciones metafísicas, o la publicación de los manuscritos inéditos Controversia de anima, Libri Physicorum o Generatione et Corruptione. Castellote, en un afán de comprender a Suárez de manera orgánica y holística, supo aunar los modos específicos de afrontar el pensamiento suareciano de corrientes tan dispares como pueden ser las hispánicas, las continentales o las de origen anglosajón. Hay que destacar, por su importancia en todo el desarrollo de la obra del autor granadino, la explicación que Castellote ofrece del concepto de “relación” y “relación trascendental” y que sirve de base para la obra teológica, filosófica y jurídica de Francisco Suárez.

 

Castellote ofreció una relectura original de Suárez en temas de cosmología, infinitud y mundos posibles. En su estudio sobre el espacio imaginario y la infinitud divina, retoma las discusiones suarecianas sobre la posibilidad modal y el entendimiento divino como fuente de toda contingencia. Suárez había desarrollado una teoría compleja de los mundos posibles, que Castellote actualiza en diálogo con la física contemporánea y la lógica modal.

Pedro Aullón de Haro (activo)

Filósofo y crítico literario, Aullón de Haro ha defendido el lugar central de Suárez en la ética, estética y política del pensamiento hispánico, argumentando que Suárez ofrece un modelo de racionalidad integradora frente al fragmentarismo moderno. Aullón conecta la lógica suareciana con las tradiciones culturales y jurídicas de Hispanoamérica, destacando su vigencia en el pensamiento crítico postcolonial.

Aullón ha desempeñado un papel fundamental en la recuperación contemporánea de la figura y obra de Francisco Suárez, situándolo como pilar del pensamiento jurídico y filosófico hispánico. Como director del Instituto Juan Andrés, Aullón ha impulsado ediciones críticas que han devuelto a Suárez al centro del debate intelectual moderno. Entre ellas destacan Francisco Suárez: Teoría de la guerra y la paz. La guerra, la intervención y la paz internacional (2025), donde edita junto con Iván López Martín los estudios clásicos de Luciano Pereña y el propio texto suareciano, y El origen español del Derecho Internacional moderno y otros escritos de James Brown Scott, en la que visibiliza la reivindicación internacional de Suárez como verdadero fundador del ius gentium. Estas obras no solo actualizan el legado suareciano, sino que lo insertan en la discusión contemporánea sobre la justicia, la soberanía y el orden global, reafirmando su vigencia estructural y su condición de autor universal.

Jean-Paul Coujou (activo)

Jean-Paul Coujou es uno de los filósofos franceses contemporáneos más destacados en el campo de la historia de la filosofía y la metafísica, y uno de los mayores especialistas en la obra de Francisco Suárez. Su trayectoria se ha desarrollado principalmente en el ámbito de la investigación académica en Francia, con aportaciones de alta especialización en torno a la escolástica tardía, el pensamiento jesuítico y la transición hacia la modernidad filosófica. Coujou ha contribuido de forma decisiva a una revalorización de Suárez como pensador estructural de la filosofía moderna, frente a la tradicional interpretación que lo relegaba a una mera repetición de la escolástica tomista.​Ha desarrollado una importante trayectoria en el estudio de la escolástica tardía y su conexión con la filosofía moderna. En obras clave como La Métaphysique de Suárez y Suárez et la modernité, Coujou sostiene que la metafísica suareciana no debe leerse como una mera repetición tomista, sino como una innovación estructural que anticipa categorías centrales del pensamiento moderno.

Para Coujou, Suárez articula una metafísica original en torno al ser como acto de esencia, el papel de los entia rationis y la causalidad formal. Estas ideas, lejos de ser obsoletas, habrían influido profundamente en pensadores como Descartes, Kant e incluso Heidegger, quien consideró a Suárez como figura de transición entre la ontología medieval y la moderna. Coujou defiende así una genealogía filosófica en la que Suárez ocupa un lugar decisivo como iniciador de una metafísica sistemática que marca el umbral de la modernidad. Su trabajo ha sido clave para insertar nuevamente a Suárez en el canon europeo desde una mirada crítica, filosóficamente rigurosa y ajena al reduccionismo historicista.

En 2012 publica Droit, anthropologie et politique chez Suárez, obra en la qu recoge una serie de textos sobre Suárez con el objetivo de "analizar cómo una filosofía indisociable de una refundación de la metafísica según su objeto, su función y su finalidad, puede llegar a ser capaz de producir una antropología política y un pensamiento de la historia" (p. 8).

A él se debe la traducción anotada en francés (en tres volúmenes) en 2004 de las Disputaciones metafísicas.

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